La Barriada/Martín Aguilar/El que ríe al último, ríe mejor

Este domingo se llevó a cabo la marcha ciudadana en defensa de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

 

La movilización partió del Monumento a la Revolución al Zócalo de la Ciudad de México.

 

¿La razón? Defender a los ministros del Máximo Tribunal por los constantes ataques orquestados desde Palacio Nacional por el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

El enojo del mandatario aumentó exponencialmente desde que fue nombrada presidenta de la SCJN la ministra Norma Piña.

 

Todo porque su carta fuerte, Yasmín Esquivel, no pudo acceder al cargo acusada de plagiar su tesis de licenciatura.

 

Casualmente y de inmediato, desde las filas morenistas se encendieron las protestas en contra de la ministra Piña.

 

Instalaron un plantón en el acceso principal de la Corte; de ahí las huestes obradoristas lanzaron todos los días improperios al mayoreo.

 

Hubo agresiones físicas y verbales; firmas para demandar la renuncia de los ministros, incluso una iniciativa de ley para elegirlos vía el voto.

 

Fueron días de una presión desmedida y de una falta total de respeto a la investidura de los representantes del Poder Judicial.

 

Toda esa polarización fue propiciada y aplaudida por López Obrador, incansable profesional de la diatriba, la denostación y el odio.

 

Impotente por no poder doblegar a los ministros, arguyó división de poderes como no sucedía en el pasado, cuando en realidad eso pretendía.

 

Pero los antecedentes de dos impresionantes movilizaciones en defensa de la democracia y del INE le dieron fuerza a la marcha de este domingo para apoyar a la Suprema Corte.

 

La numerosa concentración que llegó a las puertas del Poder Judicial, obligó a los morenistas a desmontar su plantón.

 

Lo hicieron protegidos por la policía, cosa que no sucedió con los ministros a quienes los dejaron indefensos ante las ofensas.

 

Lo que no pudo o quiso hacer la policía, lo logró la sociedad civil mediante la presión.

 

Hubo jaloneos, patadas, gritos y empujones, donde la policía protegió a los seguidores del Presidente.

 

La consigna en todo momento fue #LaCorteNoSeToca. Desmontaron el plantón y con ello las pancartas repletas de mensajes de odio y discriminación.

 

¿Volverán mañana? ¿Cuál será la respuesta de López Obrador? Es demasiado predecible y no quitará el dedo del renglón en sus ataques contra el máximo tribunal.

 

Sobre todo porque hubo manifestaciones de defensa en alrededor de 50 ciudades de la República.

 

La lectura de todo lo anterior se traduce en un nuevo referéndum de rechazo a su administración y forma de gobernar. 


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