La Barriada/Martín Aguilar/Divide y vencerás

Luego que este viernes la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum anunciara que ahora si se va a reunir con todos los alcaldes de oposición después de que terminen las impugnaciones ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que si se hacemos memoria esto sería hasta por agosto, pese a que faltaría un mes para que los nuevos alcaldes y diputados locales entren en funciones.

Y tras anunciar la creación de su bloque, los siete alcaldes de Morena rechazaron que la Ciudad de México haya quedado dividida en dos, tras la paliza que la oposición le dio a la 4T en la mayoría de las alcaldías.

 

Sólo que, casi a la misma hora, los nueve alcaldes de la alianza PRI-PAN-PRD hacían su propio evento, para constituir su bloque opositor y presionar a Claudia Sheinbaum con dos temas básicos: abasto de agua potable y mejoramiento de la seguridad en sus demarcaciones.

 

Y ni modo que la jefa de Gobierno diga que no apoyará esas sentidas demandas ciudadanas que, por cierto, no son solamente de la clase media aspiracionista, sino de la ciudadanía de todas las demarcaciones. 


El asunto es cómo podrá Claudia concertar entre los dos bandos que ya se armaron, sobre todo porque aún no nombra un nuevo secretario de Gobierno, toda vez que José Alfonso Suárez del Real quedó desacreditado, pues todo el mundo sabe que dejará el puesto.

 

Y es que, aunque lo quieran negar, tras las elecciones de junio pasado, la capital del país quedó dividida entre oriente y poniente. Las alcaldías más populosas y con menos ingresos y estudios —en general— quedaron en manos de Morena.

 

Los territorios donde la ciudadanía cuenta con una mejor formación académica, cultural y con mayores ingresos pasó a manos de los representantes de la oposición, que enfrentaron juntos a la 4T.

 

Aunque se quiera acusar de clasistas a quienes sostienen ese hecho, está claro que, además de la diferencia poblacional de las dos zonas en que quedó partida la CDMX, hay quienes señalan también una gran diferencia entre los alcaldes de uno y otro bando.

 

Los de la alianza son, en su mayoría, aspiracionistas provenientes de la clase media y, por lo general, son más jóvenes, un poco mejor arreglados y, evidentemente, mejor preparados. En contraste, los morenos son —por lo general— un poco más viejos y con una preparación más limitada, por lo que —aunque no se quiera— ya hay dos CDMX en un mismo territorio, y quién sabe si pronto se podrán volver a unir.

 

Es curioso que al interior de Morena sigan diciendo que perdieron el poniente de la capital porque les "faltó unidad y les sobró soberbia". Les hace falta un examen de autocrítica para que entiendan bien por qué la ciudadanía los castigó.

 

Por supuesto que la arrogancia de sus dirigentes dividió al partido, al desplazar a los liderazgos locales, a los que no les permitieron operar.

 

Basta recordar que en Tlalpan llegó la candidata Gabriela Osorio diciendo que ella se haría cargo de la campaña, apoyada por grupos de la UNAM. Los liderazgos se sintieron ninguneados y Morena perdió esa alcaldía.

 

Lo mismo hizo Alfonso Ramírez Cuéllar, quien dejó de lado a todos y recibió una paliza por parte de la cantante Rocío Banquells. 


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