Martín Aguilar
Aunque representan solo el 4.4% de la población penitenciaria en la Ciudad de México, las mujeres son las principales gestoras del cuidado y la defensa de derechos dentro y fuera de las cárceles. Así lo advirtió Nashieli Ramírez Hernández, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos local, al subrayar que en un sistema que ignora el derecho a cuidar, ser cuidado y al autocuidado, se perpetúan las desigualdades estructurales.
De acuerdo con datos de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario capitalina, actualmente existen 27 mil personas privadas de la libertad, de las cuales 25 mil 800 son hombres y mil 200 mujeres. Aun siendo minoría, se convierten en las principales gestoras de derechos y de cuidados.
De ahí que la presidenta CDHCM, Nashieli Ramírez Hernández, advirtiera que un sistema que no integre los derechos a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado, sería incompleto y perpetuaría las desigualdades.
En su participación en el programa de formación "Haceres y Saberes del Cuidado 2025, quinta edición", organizado por la asociación Friedrich-Ebert-Stiftung en México, subrayó que para abordar el derecho al cuidado es imprescindible considerar la triada: quién cuida, quién recibe el cuidado y quién puede cuidarse a sí mismo.
Al dictar la conferencia magistral "Cuidados y Personas Privadas de la Libertad", destacó que las mujeres, tanto al interior como al exterior de los centros de reclusión, son las principales defensoras de derechos de las personas.
Ramírez resaltó que en a lo largo del 2025, la CDHCM ha registrado 164 expedientes en los centros femeniles de Santa Martha Acatitla y Tepepan, frente a mil 88 en centros varoniles.
Acotó que, según indicadores de género reportados por la Segunda Visitaduría de esta Comisión, entre el 55% y 78% de las solicitudes recibidas corresponden a mujeres que actúan como peticionarias; entre el 4% y el 18% son presentadas por mujeres agraviadas, y entre el 18% y 35% combinan ambos roles.
"Esto demuestra que son mayoritariamente las mujeres quienes se acercan a presentar peticiones, incluso cuando la persona agraviada sea un hombre, reafirmando su rol de cuidadoras no solo en lo cotidiano, sino también en la gestión de los derechos", expresó.
Los cuidados se extienden al exterior
Nashieli Ramírez señaló que desde el interior de los centros penitenciarios también las mujeres cuidan hacia el exterior, aunque estén privadas de la libertad continúan siendo el soporte de sus familias.
Dijo que ser cuidadas dentro de prisión es menos visible, pero ocurre gracias a las redes femeninas externas de madres, hermanas, amigas y tías que acuden a visitarlas.
Reconoció que en muchos momentos es menor al cuidado que reciben los varones, pues a las mujeres es más factible que se les abandone en este tipo de redes que a sus pares.
"Ellas se vuelven más acreedoras de sus derechos por el hecho de que son quienes se encargan de sí mismas y de otras muchas mujeres", dijo.
Indicó que la desigualdad estructural refuerza la necesidad de reconocer, garantizar y retribuir el derecho a ser cuidado, visibilizando las experiencias de quienes aún en contextos de privación de libertad siguen tejiendo redes de humanidad a través del cuidado.
Señaló que el derecho al cuidado tiene que ser un derecho autónomo y debe ser reconocido como tal. "Hay que romper con el estigma y redistribuir los cuidados en términos de las cargas", finalizó.
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